Furoshiki Book

Feria Internacional de Libros de Artista “Másquelibros” - junio 2014

Furoshiki Book fue un proyecto desarrollado por el colectivo Mujeres Dos Rombos para la feria Másquelibros, en el que un grupo de artistas españolas contemporáneas reinterpretábamos la tradición japonesa del envoltorio en tela para concebir un nuevo tipo de edición textil. Al diseño de los 13 furoshikis en distintos tipos de materiales y presentaciones poéticas, plásticas y literarias, se sumó una performance en la que Michiko Totoki y Origlam envolvieron los libros de cada una de las participantes con ejecuciones que trataban de transmitir algún mensaje particular.

 
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Voces de mar

La artista Puerto Collado diseñó un furoshiki de seda pintado a mano con peces para envolver una caracola. Origlam creó un nudo de envoltorio para hacer que su paquete se pareciera a un pez.

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Anudando objetos, arropando historias

El lema “envolvente” de este proyecto proponía crear historias a partir de tres elementos: una tela, un objeto envuelto, y los nudos y pliegues que sirven para arroparlo con telas.

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Bautizo africano

La pieza sobre inmigración de Amelie Leschamps planteaba particulares retos pues debía envolver una escultura africana con una tela y una redecilla que imitaban las concertinas y vallas de la frontera con Ceuta y Melilla.


Los ojos de los libros

Los ojos de los libros (2014), libro-objeto e instalación de shibari (nudo japonés) de Origlam

Los ojos de los libros es una pieza consistente en un pañuelo de papel artesanal, que ha sido intervenido con ojos de cristal y pestañas de cabello natural para ser utilizado como envoltorio (furoshiki) de un libro japonés antiguo para mujeres: un libro de costura japonesa.

El libro así envuelto –y que se abre de izquierda a derecha a diferencia de los libros occidentales– ha sido envuelto con un otsukai tsutsumi, un nudo de transpore con indicativo de entrega, de tal manera que se desenvuelva de manera opuesta, por la derecha. Está además atado (sujeto) con cuerda de la utilizada normalmente para el bondage erótico japonés (shibari): se ha amarrado a una barra de madera formando una especie de columpio con la pieza envuelta en suspensión en su posición de apertura deseada. También se fija al suelo con una cuerda atada a una piedra que detiene su movimiento en el aire.

La pieza viene a representar (y transgredir o subvertir) de manera erótica y sensual la posición forzosa de (la mirada de) la mujer, atada y retenida, a través de (la mirada de) un libro, que solo puede ser leido en una determinada dirección, pero que en esta ocasión –desde su “costura” subversiva a través del arte del furoshiki y el bondage– nos devuelve una mirada propia, invertida, con autonomía.

El libro, como la mujer, atado y retenido o suspendido en la tradición oriental por nudos, telas o cuerdas nos, devuelve la mirada con direcciones de apertura contrapuestas y no con uno sino con muchos ojos bien abiertos: tantos como mujeres pueden el bondage y los libros de costura femenina llegar a retener en su interior.

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Siempre me he preguntado si los libros nos miran a nosotros o somos nosotros quienes nos miramos en ellos.

La dirección de la mirada importa. Los libros japoneses se miran y se leen de otra manera: de derecha a izquierda y en vertical. Como decía el famoso poema de Zhuangzi (s. IV a.C), “¿sueño la mariposa, o la mariposa me sueña a mi?” ¿Acaso son los libros, como las mujeres, tan solo un sueño de los hombres?

Abrir un libro es abrir los ojos, pero son muchas las miradas que pueden atravesarlos y muchos los ojos que nos miran desde ellos.

Este envoltorio convierte el libro en un gran ojo, párpado móvil que nos mira y que invita a ser abierto. Uno o mil ojos.
— texto de la exposición
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El libro oriental, como la mujer japonesa, son envueltos, inmovilizados y suspendidos en un lugar sin nombre para nuestro placer erótico, pero pueden ser abiertos por distintos lugares y se balancean sin acabar de detenerse, por mucho que se trate de fijar su posición.

La obra representa un momento vital previo al de la liberación sexual y cultural de la mujer en el que, a través de la metáfora de la apertura anversa y reversa de un libro, los significados tradicionales japoneses pueden ser subvertidos desde una resistencia interna en el seno de la tradición. La mujer, como los libros, pueden devolvernos la mirada o ser abiertos de distintas maneras. El sufrimiento interno de esta manera de proceder queda expresado por la textura mórbida y algo siniestra de los materiales empleados y por el retorcimiento de las cuerdas de cáñamo natural alrededor del delicado objeto.